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La pandemia reforzó la colaboración entre el sector privado y el público

PUBLICADO, 14 de abril de 2021

La pandemia reforzó la colaboración entre el sector privado y el público

Andrea Escobar Vila, Directora Ejecutiva de la Fundación Empresarios por la Educación, analiza la relación entre estos dos actores y cómo cambió el trabajo con respecto a la educación.

Desde su experiencia, después de la pandemia por el COVID-19, ¿de qué manera pueden contribuir las empresas y ONG al sistema educativo?

El rol de estos actores se ha reconfigurado en el sistema educativo y sobre todo de cara a la crisis por el COVID-19. 

Durante muchos años hablamos de las conectividades en las escuelas, de cómo enseñar, qué enseñar; pasamos de los tableros digitales a las tabletas, luego al computador. Luego se dijo que la presencialidad era lo importante. Sin embargo, lo que ha tomado valor en estos tiempos fue la importancia de la movilidad de la educación. 

Al hablar de la movilidad fue que nos dimos cuenta que el aula no define al proceso de formación: la casa se convirtió también en un espacio de formación importante. Entendimos que la casa y la escuela deben convivir. 

En esa convivencia es que el rol de empresas (corporaciones de internet, fabricantes de software, de televisión online, entre otras) y de las organizaciones sociales cambió. Ya no hablamos de conectar las escuelas, sino de conectar también los hogares.

En el sector social, liderado por el sector privado, cambiaron las prioridades referidas a cómo y en qué ayudar. Antes, las tareas estaban más orientadas a las necesidades propias de la organización, y eso se abrió para contemplar las necesidades generales de la región. Por ejemplo, la formación docente: mejorar el ejercicio de competencias digitales, planeación de currículos flexibles, cómo priorizar los aprendizajes y cómo pasar a evaluaciones mucho más formativas combinando la presencialidad y la distancia. 

Creo que la gran contribución es leer el contexto con un propósito, todos unidos. Por un lado, hay que procurar que los niños no se desconecten del sistema educativo, y por el otro, que la calidad no desmejore. 

En este sentido, la familia es protagonista de los procesos de formación. Esto es algo que llegó para quedarse. 

Desde su experiencia, después de la pandemia por el COVID-19, ¿de qué manera pueden contribuir las empresas y ONG al sistema educativo?

Hubo una infinita solidaridad. El sector privado rápidamente salió a preguntar “¿Qué puedo hacer?, ¿cómo puedo apoyar?, ¿qué tengo yo que se pueda poner al servicio de?”. 

No solamente fue una ayuda para el espacio áulico o para los profesores, sino que también lo fue para sus empleados en las compañías, apoyándolos con herramientas y condiciones para poder entender que el rol en el hogar había cambiado: pasaron a ser tutores del proceso de aprendizaje de los niños en sus casas, mientras cumplían con las tareas del hogar y su trabajo. Entonces, desde el sector privado se acompañó mucho la situación, apoyando psico-emocionalmente a los empleados. Si había que regalar conectividad, formar a los maestros, acompañar con kits escolares, con estrategias de comunicación, todo esto sucedía. 

Nos dimos cuenta que el sector privado puede ser el brazo adicional del sector público donde está el ancho de banda para encontrar soluciones. 

¿De qué manera contribuye el sector empresarial con la educación? 

Tengo muchos ejemplos para darte. Uno es el siguiente: desde la fundación Empresarios por la Educación creamos una iniciativa que se llama “La educación que nos une”. Invitamos a más de 90 organizaciones del sector privado a que en un mismo espacio virtual pusieran sus contenidos y herramientas (apoyo a las familias, herramientas didácticas, etc.), de manera gratuita. 

En este gran colectivo de organizaciones se logró acompañar a las personas involucradas en el proceso de aprendizaje, tutores, niños, etc., brindando herramientas, iniciativas y hasta recursos para poder llegar a las radios comunitarias.

Un año después, esta iniciativa sigue viva, generando webinars, acumulando contenidos, y la gente los sigue consultando. 

¿Cómo se hace para que la educación no pierda su carácter esencial?

La educación es un derecho de la humanidad. Y no solo lo que sucede en el espacio del aula, en el espacio formal, sino también en los espacios informales, lo que aprendes en el día, los saberes tradicionales ancestrales de las comunidades indígenas, lo que haces cuando te relacionas con otros, todo esto también es educación. 

Entonces, la educación tiene que tener al estudiante en el centro, siempre. Para que los apoyen en el desarrollo de competencias socioemocionales, y también que tengan el equilibrio entre las competencias duras y las competencias emocionales. Las mejores condiciones se logran teniendo profesionales cada vez más calificados. 

¿Podría nombrar dos aspectos que considere fundamentales para mejorar la experiencia docente?

Lo principal es trabajar el liderazgo en los entornos escolares. Esto no transforma solamente la escuela, sino también el entorno alrededor de esta. Ya no haces tu tarea, la de enseñar, y nada más, sino que empiezas a entender cómo todo el entorno trabaja unido. Y es en este entorno en donde realmente suceden las transformaciones. 

Está demostrado desde la evidencia que esto mejora la calidad, el clima escolar y también la relación con la familia. 

Por otro lado, también aprendí que hay que involucrar a los maestros en los datos reales de cómo están los sectores educativos en la región. A veces nos quedamos solo en el número, pero cuando entiendes los contextos y empiezas a relacionar las variables (contexto socioeconómico, cultural, condiciones de violencia, de pobreza) con los indicadores de los territorios, se genera algo muy bueno. 

Los maestros tienen que estar involucrados en este proceso para que puedan entender y aprender del contexto y así generar herramientas distintas para responder a esos contextos. Pero también es importante para poder saber qué pedir a las instituciones que los acompañan. 

Estos son los dos grandes pilares: trabajar el liderazgo y ayudar a los maestros a que comprendan mejor los contextos. 

Esto se refleja rápidamente en un mejoramiento contínuo. Cuando empiezas a ver qué es efectivo y qué no lo es dentro de un aula, empiezas a tomar mejores decisiones. Esas decisiones son las que realmente transforman y aportan a la calidad educativa.